La Cocina del páramo: cuna del queso ahumado
La cocina del páramo es un diorama a escala humana a semejanza de una cocina auténtica. Un sólido
fogón de ladrillo y cemento -producido en la fábrica de anime-  moldeado y pintado a mano para parecer real.
 Todo bajo las manos mágicas de Angel Ulloa, el artista plastico que nos acompañó en la cruzada.

El campesino que miraba hacia el campo desde la puerta de la cocina daba idea de la conexión simbólica
entre el campo y el fogón. Los símbolos religiosos en la pared, el Corazón de Jesús, Cristo en su cruz, San
Benito, la virgen y el niño jesús, la gruesa vela de cera. Todos los trastos de cocina, añejados por Ulloa y
logrando con sus dotes de pintor que el fuego  de la leña y el queso ahumado  pareciesen reales.

La mesita, el molinillo, la silla de cuero de chivo, las cestas, el resto de los utensilios y una escoba, las
cinchas para el queso, comprados a sus dueños para hacer de esta exhibición una verdadera experiencia.

Este era el lugar donde se podía oler y saborear pequeños trocitos de queso ahumado de páramo, con la
finalidad de que el museo fuese un lugar donde los cinco sentidos pudieran ser usados para aprender.
La religión es cosa principalísima en la vida
del habitante del páramo.
El aspcto general de los components
esencials de la cocina del páramo.  Este
espacio es el sitio más caleintede la casa y
por ende el lugar de reunión de la familia.
No tan viejos, pero vigentes son el molinillo
de maiz, la plancha de hierro y la pesola.
La vieja silla con cuero de vaca o de chivo, la
escoba y la cesta que sirve de nido a las
gallinas, son elementos verdaderamente
impactantes.
Una cestería rústica pero útil es la nota en
estos parajes.
Todavía las cacerolas en algunos lugares
son de arcilla moldeada y cocida.
El peltre es el elemento clásico de la vajilla
del páramo, al menos hasta la llegada
avasallante del plástico.
Los pocillos de peltre para el café o el té,
tan corrientes en nuestra niñez,
ya poco se ven en las tiendas.
El detalle de la cesta que sirve de nido a las
gallinas demuestra que el gallinero está en
la propia cocina. Los huevos se cosechan
con el menor esfuerzo y la gallina está
calientita todo el tiempo.
Una batea de madera y una escoba rústica
son elementos típicos de un lugar así.
El fogón alimentado con leña es también la
mejor metodología  para ahumar el queso
que es colocado para ello en unas repisitas
de caña brava.
El efecto visual de la pintura fosforescente  
de las chamizas encendidas es muy real.
Tanto, que muchos visitantes creían que era
de verdad.
El Páramo
El Centro
El Museo